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Sevilla

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La Mujer

en marzo 10, 2014

En esta sociedad nuestra ser mujer es como ir contra corriente. Aunque en esta sociedad nuestra ir contra corriente es verdaderamente fácil. Porque tenemos un camino marcado tan simple y tan estrecho que con facilidad una se sale incluso sin pretenderlo.

Escuchar a una mujer que ejerce como maestra de infantil preguntar ¿se celebra el día del hombre? te revuelve las vísceras más profundas. Sobre todo cuando una tiene el convencimiento que en la escuela se cultivan las bases de esta cultura nuestra.

Escuchar a tu hija de nueve años decir que “salir a la calle a reivindicar es una tontería, que debería de haber un día del hombre” tras haber escuchado e incluso experimentado momentos de injusticia machista reconocidos por ella misma.

Todo esto te hace sentir la fuerza de esta cultura nuestra patriarcal que tan enraizada está y que pase lo que pase sigue su curso. Sigue adoctrinando a niñas que de adultas se convierten en mantenedoras y maestras de dicha cultura.

A estas alturas de la vida no nos importa ir contra corriente. Después de todo siempre lo hemos hecho en tantas cosas: defender que una es zurda, lesbiana, mujer, psicóloga como acompañante no como experta en la vida de los demás, etc… Una se pasa la vida yendo contra corriente para estar en paz consigo misma, por ser coherente con la persona que una es.

Una sufre al ver el sufrimiento en lxs demás sin que éstxs sean conscientes del origen de dicho sufrimiento, incluso lo soporten como algo legítimo por su posición en la vida. Como algo que les fuera dado, resignadas, sin poder cambiar nada.

Creo que la resignación es un suicidio, es tirar la toalla, es conformarse con la senda estrecha, con púas en muchos tramos y seguir adelante sobreviviendo o sobremuriendo, sin atreverse a sacar los pies del plato.

Las que nos negamos a resignarnos y luchamos para tener nuestro espacio, para sentirnos igual de personas, para que las personas de nuestro entorno se sientan importantes,…somos las malditas. Los que se dan cuenta de nuestras intenciones primero coquetean con nosotras para seducirnos y así controlarnos, devolvernos a la senda estecha. Pero cuando se dan cuenta de que no entramos en su juego y no nos doblegamos nos hacen públicamente malditas.

Aún así, seguimos luchando por el bienestar de todas. Y no nos importa “ser malas”.

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